viernes, 25 de noviembre de 2011

Una ayudita?

Buenas! Como ya sabéis algunos, me presenté hace un mes a un concurso de El rincón de las Garrido de relatos, y ahora necesito vuestro voto.
No os lo voy a pedir sin más; quiero que juzguéis y votéis a las demás concursantes también.
Voy a poneros mi relato aquí, por si queréis leerlo.
¿Me ayudáis? :)


Cuenta atrás
10. Se había activado. Los cables de colores salían del aparato dándole una apariencia casi cómica, como si una peluca de payaso descansara burlona sobre aquella caja negra. En contraste, esa caja era la que iba a acabar con su vida.
9. La cuerda se clavaba en sus muñecas dolorosamente, anclándole a la silla e impidiéndole el menor movimiento. Al inclinarse hacia delante el pelo le cayó sobre los ojos desgreñado, pero esa era la menor de sus preocupaciones. Los números rojos señalaban su final.
8. Sin tan solo... Si pudiera liberarse de sus ataduras podría hacer algo, huir o desactivarlo; toda alternativa era más atractiva que aquella impotencia que le colmaba de ganas de gritar.
  Recordó cómo había llegado a aquella situación. En un callejón oscuro, cuando la noche hacía tiempo que había sumido la ciudad en la oscuridad, fue testigo de un asesinato. Y ahora iba a ser la víctima.
7. Una puerta se abrió a su espalda. Giró la cabeza, esperanzado, quizá habían venido a salvarle; pero lo que vio le supuso lo que el dolor de una puñalada en el pecho. Una chica avanzaba hacia él con las manos a la espalda escoltada por uno de los hombres que lo había retenido a él. Las lágrimas corrían por sus mejillas.
6. -Yo también lo vi -le explicó la chica en un susurro quebrado. El hombre salía ya del almacén habiendo atado a la muchacha en una silla a la espalda de Jack-. Te seguí para disculparme cuando discutimos... Por eso estaba allí.
  Jack expiró con fuerza pero no habló. No intentó tranquilizar a Kim asegurándole que saldrían de esta. Los dos sabían que no era cierto. Por su culpa Kim moriría junto a él; todo por una estúpida discusión.
5. Kim buscó su mano y la apretó con fuerza. Estuvieron en silencio el minuto que duraba en sucederse cada número, y mientras tanto Jack tomó una decisión.
4. El muchacho forcejeó contra sus ataduras con mucha más fuerza que antes. Hacía dos minutos, se había resignado a la muerte, iba a dejarse llevar porque sabía que era inútil. Pero ahora todo había cambiado. No iba a permitir que Kim muriera allí. Solo pensar que no volvería a sonreír con aquellos ojos brillantes le hacía estremecerse de horror y desear salvarla a cualquier precio.
3. Las cuerdas cayeron al suelo. El precio de aquello eran las heridas de sus muñecas; la consecuencia: la salvación de Kim.
  Sin duda merecía la pena.
  Jack se levantó de un salto y empezó a manipular las ataduras de la chica con histérica precipitación. Quedaba tan poco tiempo...
2. Soltó un taco entre dientes. El nudo que retenía a Kim estaba hecho con manos expertas, mucho mejor atado de lo que había estado el de Jack.
  -Vete tú -dijo Kim mirándolo con aquel brillo especial en los ojos que conseguía derretir a Jack por dentro-. Sálvate, por favor.
  -No sin ti -replicó Jack sacudiendo la cabeza. Iba a salvarla, porque si no nada merecería la pena.
  Pero el nudo no cedía, y sólo quedaba un minuto.
1... y 0
  La explosión fue atronadora. Las sillas saltaron por los aires, las cajas que se apoyaban contra las paredes del almacén esperando su próximo destino temblaron, amenazando con caerse. El suelo sobre el que había estado la bomba estaba ahora tapizado de una capa de gris hollín que formaba círculos concéntricos. La firma que había dejado la bomba perduraría largos años en aquel edificio como único recuerdo de lo que había sucedido aquel día de septiembre.
   Cuando la policía llegó al almacén, alertados por el ruido, se sorprendió al encontrar a dos muchachos acurrucados tras unas cajas con los rostros cubiertos de ceniza. Temieron que estuvieran muertos, pues nadie podría haber sobrevivido a semejante explosión tan cerca de su foco.
  Sin embargo, ante las miradas de los agentes, sus brazos se buscaron y se fundieron en un abrazo. Estaban vivos.

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